jueves, 15 de septiembre de 2011

San Pancho Villa, protector de zapatistas



Doroteo Arango es recordado en los libros de historia de México como uno de los protagonistas de la Revolución; pero para los habitantes del noreste del país y de una zona específica de Texas representa una imagen idolatrada.

Zapata, Texas. Aunque este pueblo de Estados Unidos lleva como nombre el apellido del Caudillo del Sur, el revolucionario mexicano más conocido aquí es Pancho Villa, a cuyo espíritu la gente cuando se encuentra en apuros, le reza tres Padres Nuestros y tres Aves Marías, después de una oración especial dedicada a él:
“Querido hermano,
tú que supiste vencer
a tus más fieros enemigos,
haz que triunfe en mis más difíciles
empresas.
Me socorras en mi negocio y penalidades;
a ti invoco de todo corazón,
así pues, te sirvas darme valor,
tú que fuiste guía de los desamparados y sufridos,
dadme tu pensamiento y tu osadía.
Así sea”.

En Zapata, Texas, los creyentes en el poder milagroso de Pancho Villa cuentan con ésta oración impresa en papiros y pergaminos, con escapularios, con velas y con agua de colonia para rendirle culto, tal y como lo hacen con otros santos de la iglesia católica. La fe hacia el héroe nacional mexicano recorre más pueblos y ciudades texanas, pero es en México donde el espiritismo es visto cada vez con menor rareza.
“Cuando empecé a hacer las figuras de la santa Muerte, la gente me pidió que hiciera también de Pancho Villa porque según que era más milagroso y que también los ayudaba mucho en lo que les pedían”, comenta Margarita Elizondo, artesana de Díaz Ordaz, un municipio de Tamaulipas que se encuentra entre Reynosa y Nuevo Laredo.
Margarita hace con sus manos delgadas y largas unas figuras de Pancho Villa que miden 2 metros de altura y pesan 800 kilogramos. Para erigirlas usa cemento, varilla y yeso. Una vez acabadas las ofrece a la orilla de la carretera en 2 mil 500 pesos. En los últimos meses, según cuenta, los Pancho Villa se venden más que la Santa Muerte.
“Parece que es porque han llegado muchos soldados y mucho Ejército y aquí eso no gusta tanto, usted sabe, y como se dice que Villa protege a la gente de los soldados, pues parece que por eso se está vendiendo tanto”.
Desde el inicio del mandato de Felipe Calderón la franja que va de Reynosa a Nuevo Laredo se ha convertido en uno de los principales frentes de la guerra declarada por el gobierno contra el crimen organizado.
Estampitas con la imagen de la Santa Muerte y altares en honor de ella son encontrados comúnmente por los federales al allanar casas particulares y de seguridad que usan los narcotraficantes.
Las imágenes de Pancho Villa, aunque en menor medida, también suelen aparecer
Así como algunos profesionistas, obreros y empresarios lo hacen, la mafia de esta región del noreste del país, se encomienda a ambos. De hecho, algunas de las recientes mantas con mensajes del narco, han sido colocadas en estatuas públicas de Pancho Villa o plazas que llevan su nombre.
Ella no es devota del bandolero que se convirtió en general de la Revolución de 1910. Margarita empezó a crear figuras de él para ganarse la vida, luego de divorciarse hace 5 años. Pero aunque no es devota de Villa dice que le consta que éste es milagroso porque varios conocidos le han contado los que les ha realizado y porque “los libros también dicen”.
Francisco Villa —quien en realidad se llamaba Doroteo Arango— fue asesinado el 20 de julio de 1923 en una emboscada en la que recibió 47 balazos.
El origen del espiritismo en torno a él es atribuido en algunos estudios al hecho de que el cuerpo de Villa desapareció de su tumba en Parral, Chihuahua. “Lo que se dice es que anda por aquí ayudando a la gente que se lo pide. Que se salió de su tumba para ayudar”, explica Margarita.
De acuerdo con investigaciones históricas, la desaparición del cuerpo se debió a una profanación hecha por militares mexicanos que habrían vendido la cabeza del revolucionario al gobierno de los Estados Unidos.




Incluso, el año pasado un grupo de estudiantes mexicoamericanos pidió que el gobierno de nuestro país reclamara a los Estados Unidos la devolución de la cabeza de Villa, la cual, según sus propias indagaciones, formaría parte de la colección de cráneos de la sociedad Skull and Bones de Yale.
Uno de los clientes que le compran figuras de Pancho Villa a Margarita es un joven treintañero de Monterrey que se fue hace cuatro años a Nuevo Laredo a poner un negocio. Pide que se le identifique solamente como Andrés y se asume como un espiritista que se encarga de asesorar a la gente en el culto a la Santa Muerte y a Pancho Villa.

“Lo que yo hago es muy sencillo. Hay personas que tienen algún problema, como un familiar en la cárcel o tuvieron algún accidente, o algún problema con la ley, y quieren salir adelante, entonces lo que yo hago es comentarles los rezos y las ofrendas que se pueden hacer por ellos y por sus familiares, y después de que aceptan yo me ofrezco a hacérselos”, explica.
La entrevista con Andrés fue en un pequeño camposanto dedicado a la Santa Muerte, justo en la entrada a Nuevo Laredo.
Existen por lo menos una docena de ritos que practica Andrés con la figura de Pancho Villa y por los cuales cobra entre mil y 2 mil pesos. No revela en qué consisten estos porque asegura que después pueden dejar de ser milagrosos en cuanto empiezan a ser divulgados. El único del que habla es el de la copa de tequila que se coloca frente a una vela y a una imagen del Centauro del Norte, como se conoció a Villa. Después de colocar el pequeño altar, el creyente debe hacer la petición. Si Villa se bebe el tequila de la copa, la petición se concederá.
Lo que parece no conocer es la razón por la cual hay que dejarle una copa de tequila como ofrenda, sobretodo cuando investigaciones biográficas como la hecha por Paco Ignacio Taibo II, revelan que a “San Pancho Villa” no le gustaba el alcohol. 


Diego Enrique Osorno